lunes, 27 de octubre de 2014
Obsesión por el control
El docente medio está obsesionado por el control del aula. Es fácil comprobar que, si uno pisa las salas de profesores, son muchos los que se quejan del descontrol del aula, de la imposibilidad de mantener silencio, de lo bien vistos que están aquellos docentes en cuyas clases se puede oír el aletear de una única mosca.
Fuente: http://www.publico.es
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Controlar el aula y, como no, al alumnado en su vertiente más humana, es el leitmotiv de gran parte de los docentes de nuestro país. Docentes cuyas aulas desean que sean lo más “controladas” posibles. Docentes a los que les gustaría tratar con alumnos perfectamente situados en pupitres totalmente paralelos y que no chitaran más allá de cuando se les pregunte. Docentes a los que les gustaría tener autómatas. Docentes que añoran modelos de fusta y látigo en su vertiente más disciplinaria.
Resulta curioso que también el control se traslade a la forma de evaluar a los alumnos. Evaluaciones que, como más “objetivas” sean, más supuesto control permiten al docente de la situación. Evaluaciones, libros y, como no, entornos virtuales de trabajo que permiten llevar un control, aún más exhaustivo si cabe, de una evolución del aprendizaje de los chavales que se encargan en cuantificar de cero a diez. Qué obsesión. Qué ganas de tener milimetrado el nueve coma noventa y nueve. Qué satisfacción poder cuantificar con más o menos cero coma veinticinco alguna de las cuestiones que los alumnos responden de forma cada vez más automatizada.
¿Por qué la mayoría de docentes que usan las nuevas tecnologías optan últimamente por la realización de exámenes tipo test? Porque los mismos le permiten controlar al milímetro la nota que va a aparecer en los expedientes de los alumnos. Exámenes tipo test que justifican como los más objetivos. Exámenes tipo test que son los que desprenden mayor “control” del aprendizaje. Exámenes, cuya posibilidad de equivocarse en la corrección es mínima. Es muy cómodo para los docentes usar pruebas de evaluación imposibles de cuestionar. Qué bonito dar cuatro respuestas sabiendo que una es la correcta. Qué bonito es que el ordenador me pueda dar el resultado automáticamente. Qué cantidad de problemas evitamos con esas pruebas tan “objetivas”.
Los timbres, los silencios, los deberes, el uso de Moodle, el uso de libro de texto, etc. son sólo modelos de enseñanza en los que prima el control por delante del aprendizaje. Control que enmascara la inseguridad profesional de muchos. Control que, no por su existencia, no es demasiado positivo para el objetivo final de cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje. Una metodología de control muy cómoda pero demasiado sesgada. Una metodología que se vende como sanctasanctórum del buen profesional que lo único que hace es pervertir la función docente para reconvertirla en la búsqueda de la comodidad para el docente. Qué tener unas clases dispersas es mucho más incómodo. Qué una clase incómoda es mucho más difícil de gestionar.
Es relativamente fácil implementar una profesionalidad basada en el control. Lo realmente complicado es lidiar con la libertad que debe darse a los alumnos (reconozco que es complejo establecer el límite entre libertad y libertinaje), establecer mecanismos para evaluar donde lo que prime sea la evaluación del aprendizaje por adaptación y personalización del mismo y, como no, tener la posibilidad de dejar al margen el temario para no desligar el contexto que nos rodea. Lo anterior es realmente complejo. No es cuestión de hablar de zonas de confort. Es cuestión de cambiar modelos educativos. Y, lamentablemente, el modelo educativo del control exhaustivo del aula es el que sigue teniendo más adeptos entre docentes, administración y, como no, padres.
Mamá, papá, estoy haciendo flipped classroom
“Mamá, papá, en mi cole el profesor me ha dicho que a partir de ahora vamos a hacer flipped classroom. No tengo muy claro qué es ya que me dice que vamos a dejarnos de dar clases para aprender con sus explicaciones acerca de algo que hayamos visto en vídeo. Mamá, papá, ya no tenéis excusa para prohibirme el ordenador. Que ahora sí que lo voy a petar viendo un montón de vídeos que me permitirán aprender. Esto es superguay”.
La anterior podría ser una charla bastante aproximada de chavales que llegan a sus casas desconcertados por la propuesta de su docente y que, más allá de una justificación exhaustiva (si ni tan sólo en muchas ocasiones el docente lo tiene claro), hablan acerca de cómo van a trabajar ese curso (o en algunos momentos determinados del mismo). Algo que les descoloca y, como no, a sus padres.
Para entrar un poco más en el tema tan “apasionante” de la flipped classrom (o clase invertida -algunos ya estamos cansados de anglicismos y, más aún, con la nueva versión de la RAE de su diccionario) conviene destacar que es un modelo que, mayoritariamente, se usa para invertir el trabajo de aula y el de clase. Normalmente, lo que se hace es un modelo tradicional. Un modelo que consiste en que los alumnos ven un vídeo de la lección y la aprenden en casa, mientras que en el aula se ayuda a resolver las dudas que les pueda haber presentado la visualización anterior.
Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us/
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La mayoría de docentes se quedan con el modelo anterior pero hay algunos que optan por un modelo avanzado. Un modelo que permite ir avanzando al estudiante a su ritmo y que, más allá de invertir el aula (mediante el estudio en casa y la solución de dudas en el aula), permite a los alumnos personalizar su propio aprendizaje. ¿Cómo se hace lo anterior? Pues simplemente poniendo unos objetivos mínimos, normalmente evaluables mediante diferentes tipos de prueba, que permiten ir al estudiante, una vez superado el 80% de lo anterior (sacar más de un 8 si se evalúa sobre 10 o superar 8 de cada 10 ítems de la rúbrica), a la siguiente lección. La evaluación final se realiza en función de los objetivos que no se alcanzan (o sea que, en función de lo que les queda por hacer al final de curso, se evalúa -a menos tareas pendientes, más calificación-).
Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us
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Yendo un paso más allá nos encontraríamos con el aprendizaje entre iguales. Los alumnos aprenden el material fuera del aula y, cuando llegan a ella realizan un cuestionario de forma individual. El objetivo es que los alumnos consigan convencer a sus compañeros acerca de sus respuestas. Es un sistema que se ha de controlar muy bien ya que permite la posibilidad de que existan errores globales. Errores que, en el momento que se den, deben ser corregidos por el docente que está en el aula aplicando el método.
Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us
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Finalmente, nos podemos encontrar con dos modelos que se están usando (o definiendo) como métodos aislados pero muy relacionados con la inversión del aula. Son el modelo del aprendizaje por proyectos que, seguramente más de uno ha estado usando bajo la denominación de webquests (o cazas del tesoro) y el de investigación acerca de algún tema concreto (el docente propone un tema y el alumno investiga por su cuenta -siempre con el asesoramiento del docente-). Parece curioso pero los últimos modelos, sobradamente conocidos por muchos docentes, son parte de ese modelo tan novedoso que está en auge como es el de la clase invertida.
Fuente: https://sites.google.com/a/byron.k12.mn.us
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sábado, 27 de septiembre de 2014
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